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viernes, 25 de enero de 2013

Tercer yoga: sin sabor


Curiosa sensación la de observar los pensamientos
y las emociones sin dejarse llevar por ellos.

Generalmente cuando se da una situación apropiada,
el ego iracundo sale rápidamente de su guarida,
como una araña al sentir que una mosca ha quedado
atrapada en su red: con sed de sangre.

La ira siempre ha sido mi talón de aquiles,
y con los años y la práctica, parece que
el ego iracundo, el generador de esta
poderosa y peligrosa emoción,
está un poco más bajo control,
cual golem adiestrado.

Ya hace tiempo que renuncié a la quimera
de destruir a esta entidad vacua,
y me centré en utilizarla de forma
tan equilibrada como fuera posible,
a modo de medio hábil.

Los protectores del darma tienen tambien
su función, y hay que tenerles un respeto.

La fuerte emoción de la ira puede
ser utilizada de forma eficaz,
cuando seamos capaces de ver
su verdadera naturaleza, sin dejarnos
arrastrar por ella.

Un fuerte viento puede utilizarse
para crear energía eléctrica siempre
que dispongamos de un molino de viento
que la pueda transformar.

A mi ego-practicante le gusta creer
que es capaz de integrar esta poderosa
emoción transformándola en alimento
para la mente.

Deseos, esperanzas...
Cosas del ego.


martes, 23 de agosto de 2011

Vall de Boí: Besiberri




El conjunto de nueve iglesias románicas de la
Vall de Boí, en el pirineo leridano, fueron declaradas
patrimonio de la humanidad en el año 2000.

Este año, debido a que he estado subiendo a picos
de esta zona del pirineo, he podido descubrir
aspectos que desconocía por completo.

Este domingo pasado, antes de ir al hostal
donde he pasado siempre las noches
antes de las ascensiones, he tenido tiempo
de visitar unas cuantas de estas iglesias
y subir a sus altos campanarios.


Al día siguiente pude llevar a cabo una
bonita ruta de ascenso hasta el
Besiberri Sur, pasando por los
lagos de la Gémena.

En cierta manera, las cumbres son como los
altos campanarios de las iglesias, y los lagos
las capillas, siendo el caminante el altar
móvil que va ofreciendo en sacrificio
sus miedos y temores mas ocultos
a lo largo de la ruta.

Durante bastante tiempo he estado
obsesionado en subir a los "campanarios"
o cumbres, sin valorar demasiado el
resto del paisaje.

En cierta manera he querido tocar el cielo,
estar cerca de las nubes, como si fuera
una campana en lo alto del campanario,
repicando sin ton ni son.


Ultimamente, mi vision se ha abierto un poco
y me he dado cuenta de que lo realmente
importante es la motivación con la que
realizamos la acción, en este caso,
la caminata de turno, mucho más
vital que hacer cumbre o no.

De alguna manera, he estando colocando
mis campanas en lo alto de las cumbres
para que cuando sea más viejo y no
pueda ascender a lo alto del campanario
pueda tocarlas desde las capillas.

¡Qué bellas son las montañas de la mente,
con sus magníficos lagos y sus muchas veces
árduas puertas de acceso!

La música que se puede escuchar en estos
bellos y abruptos parajes no está contaminada
por el barullo de las masas dominadas por
sus instintos y emociones.

Sólo los montañeros tienen acceso a estos
lugares inaccesibles para la mayoría,
y deben ser conscientes de que dejan
un rastro que forma parte del cuerpo
etérico de estos bellos parajes.

Y este rastro puede ser percibido por
todo montañero que sepa escuchar
la voz de la montaña.

Dejemos lo mejor de nosotros mismos,
para que otros puedan beneficiarse.


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