lunes, 1 de agosto de 2011

Recta motivación: Bodichita


La atracción por las cumbres hipnotiza
actualmente a la mente. Todo lo que no sea
ascender a tres mil metros, parece poca cosa.

Unos días de vacaciones donde no luzca el
sol se convierten en frustración.

Realmente, la identificación con este ego
montañero es intensa.

Me irá bien que el tiempo no sea bueno:
así podré realizar otras actividades que
no tengan que ver sólo con el montañismo.

Si el tiempo acompaña el lunes, subiré
hasta el ibon de Cregueña. La foto que
desde el año pasado cuelga en la pared
va a tomar cuerpo.

Este tipo de conducta obsesiva sigue
siendo uno de los patrones más arraigados
en la mente: cuando me intereso por algo,
esta actividad se convierte en el centro
de casi toda la atención, hasta que llegado
a un cierto nivel de pericia y comprensión,
pierde el interés, y luego surge algo nuevo.

Centrar toda la atención en algo
para así comprenderlo de forma
rápida, y luego dejarlo, sin aferrarse
a ello.

Las actividades, sean las que sean, no
son más que medios para el autoconocimiento,
para una mejor comprensión de la naturaleza
de la mente.

Con la certeza de que en un futuro,
más o menos cercano,
retomaré esta actividad que ahora
abandono en el mismo sitio en que
la dejo.

Sea esta actividad la esgrima, el montañismo,
el yoga u otra cualquiera.

Lo importante es que mientras se esté realizando
una actividad, se ponga en ello toda la atención.
Si no hay pasión por la práctica de una actividad,
entonces perdemos el precioso tiempo.

Mientras nuestra motivación sea egoica,
la práctica de cualquier actividad no será
nunca un medio para la liberación,
aunque lleguemos a convertirnos en
expertos en esa práctica.

Si voy a la montaña con el único fin de
convertirme en un montañero experto,
el montañismo se convertirá en fuente
de sufrimiento, por muy buen montañero
que sea.

Parece que había olvidado lo esencial,
pero por suerte la niebla me recordó
cómo hay que mirar para poder ver,
incluso cuando la niebla de la ignorancia
lo envuelve todo.

En realidad, en el lago se reflejan todas
las cumbres que lo rodean, y no siempre
hace falta subir a lo más alto, especialmente
cuando es una obsesión del ego para
sentirse importante y poder alardear
de su grandeza.

Creo que la fiebre de los tres miles empieza
a remitir, y el sendero de la bodichita,
del que me había apartado, se hace cada
vez mas claro.

El montañismo no consiste sólo en ascender
a cumbres elevadas como el ego montañero
desea, sino en hacerse uno con la montaña,
incluyendo los valles y lagos , con los días
soleados y los nublados, en invierno o en
verano.

Seguir el GR bodichita no parece ser suficiente
para el ego montañero, probablemente porque
en este sendero no pinta nada.

Competir con uno mismo es el sutil truco
que nos aparta del sendero de la bodichita.


Parece que la niebla se va desvaneciendo
poco a poco. Pero volverá. Y hay que ser
capaz de orientarse dentro de ella.



2 comentarios:

sunny dijo...

la belleza de la montaña
está en el corazón del que se admira

saludos

marpa dijo...

Así es. Viendo.
Salu1

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